Discursos y saberes de la psiquiatria de Córdoba desde fines del Siglo XIX a principios del XX: una lectura desde una perspectiva de género*

por Julieta Lucero

Resumen

Nuestro trabajo forma parte de un proyecto mayor orientado a realizar una historia epistemológica e ideológica de la psiquiatría cordobesa desde la creación de la Facultad de Medicina en 1878 hasta las primeras décadas del siglo XX. En este estudio analizaremos un conjunto de trabajos finales de medicina introduciéndonos en un enfoque orientado a analizar la conformación de categorías, conceptos y discursos médicos sobre patologías mentales considerándolas desde una perspectiva de género. Abordamos las fuentes seleccionadas recuperando el cambiante entramado sociohistórico de fines del XIX a principios del XX haciendo hincapié en problemáticas clave de la etapa como modernización, moralidad y comportamientos sexuales, la mujer en el mercado de trabajo, la educación de las niñas, el influjo católico, etc. Nuestra selección de fuentes remite a la posibilidad de mostrar los primeros estudios sistemáticos en el campo de la psiquiatría considerándolos a partir de dos planos analíticos asociadas. Por un lado, recuperamos estos estudios universitarios como productores de discursos creadores y recreadores de representaciones médicas y sociales sobre el género, especialmente en lo que refiere al cuerpo, los comportamientos, la sexualidad y el rol social femenino. Por otro lado estos trabajos finales son entendidos como entramados deconceptos, discursos y prácticas terapéuticas ancladas históricamente a partir de una “mirada clínica” que al problematizar síntomas y diagnósticos permiten acceder a las condiciones de posibilidad concretas de los trastornos mentales y sus padecientes en un marco de conocimientos dado.

Este abordaje nos mostrará un entrelazamiento de época entre el conocimiento científico y sus entramados ideológicos, dando cuenta de su funcionalidad sociopolítica en los procesos de construcción del género, los que si bien se inscriben de manera global en la construcción de la sociedad y la cultura nacional, permiten dar cuenta de las particularidades del cambio sociocultural de la Córdoba de los años en estudio.

Palabras clave

Saberes; Discursos; Psiquiatría; Género; Córdoba.

 

Introducción

Esta ponencia forma parte de un proyecto mayor (Lucero, 2014), anclado en la sociología y la historia de la ciencia, desde donde procuramos poner en discusión el proceso de constituciónde un conjunto de saberes “psi” en Córdoba entre 1888 y primeras décadas del siglo XX. En actual trabajo ingresamos de manera particular en la reconstrucción de distintos momentos cognitivos e ideológicos del desarrollo de la medicina psiquiátrica universitaria cordobesa, interesándonos especialmente por las problemáticas ligadas a las enfermedades mentales desde una perspectiva de las asimetrías de género.

Si bien alrededor del dispositivo psiquiátrico algunas investigaciones han procurado recuperar la realidad de distintos espacios del interior nacional (Gentile, 1998; 2000, Weisman, 1999) mostrando que las problemáticas que los médicos se planteaban en las provincias eran en cierta medida distintas de aquellas priorizadas en los espacios porteños (Ablard, 2008; Plotkin, 2003; Stagnaro, 2006; Vezzetti, 1985), aquella agenda aún presenta importante vacíos. Cuando se trata de reconocer particularidades devenidas en la psiquiatría de Córdoba se cuentan principalmente -salvo destacadas excepciones (Argañaraz, 2007) – con acercamientos centrados en la conformación de dispositivos de tratamiento, especialmente desde una perspectiva foucaultiana (Ferrari, 2012, Eraso, 2002). Aunque se vienen realizando en la agenda local ingentes esfuerzos por desarrollar una historia conceptual de la psiquiatría cordobesa que articule el proceso sociohistórico de época como contexto de sentido (Ferrari, 2015, pp.288-309, Cesano y Dovio, 2009), hasta el momento parece hegemónico el interés por analizar la construcción de los dispositivos alienistas. Según nuestra mirada este tipo de enfoque ha tendido a encorsetar el estudio de los entramados conceptuales estudiados al abordarlos a partir de una periodización que parte de la mirada francesa y anglosajona de los grandes ejes de cuestionamiento y de conceptualización que atravesaron y estructuraron la historia de la clínica (“La primera psiquiatría clásica” (1800/1845), “La nosología clásica” (1845/1865), “La Clínica de las enfermedades mentales” (1870/1910) y finalmente “la Era psicodinámica” (1910/1930) (Ferrari, 2012, p. 159). No obstante, su exhaustivo trabajo de reciente publicación constituye una contribución de primer orden.

Procuramos repensar la influencia de las ideas y las teorías que la psiquiatría francesa -y extranjera en general- sobre el desarrollo de los saberes y discursos “psi” en el ámbitoargentino y en este caso en Córdoba. La conformación de la enfermedad mental nos permite interpelar de una manera particular esa relación histórica de poder, deviene en definitiva en una categoría sociohistórica y se inscribe en el proceso de definición de lo sano y lo patológico, donde la teoría y las visiones médicas aparecen imbricadas con una cultura y con ciertos valores sociales históricamente definidos.

Buscamos identificar no sólo la especificad histórica local de unos saberes psiquiátricos y la influencia del mundo científico internacional, sino también y sobre todo enfatizar que éstos constituyen el campo sociocultural del que forman parte y lo hacen como entramados de poder (Foucault, 2005, p.17). Por tanto es claro que los criterios que van jalonado los conceptos “psi” y losdiscursos que los acompañan y los sostienen fueron cambiando según el momento y el espacio sociohistórico que abordemos. Inclusive, dentro de un mismo contexto sociocultural“(…) dichos criterios dependen también, en gran medida, de variables —como la clase social o el género—, o de la «cultura profesional» del psiquiatra” (Huertas, 2001, p.27).

De manera específica nos proponemos analizar las nosografías, criterios diagnósticos y terapéuticos y sus prácticas clínicas anclados en ciertas patologías que ponen en cuestión desajustes psicológicos identificados con problemáticas de género. Ingresaremos de manera particular a discutir cuestiones ligadas a la construcción de conceptos y discursos sobre las enfermedades mentales en la mujer, representaciones de la mujer y lo femenino y su vinculación con la asimetría de género de acuerdo a la sospecha de un constante proceso de «feminización de la locura» (Ruiz Somavilla, Jiménez Lucena, 2003, p.9).

La selección de las Tesis de medicina, como espacios de articulación de “estados de la cuestión” con estudios clínicos, remiten a la circulación de categorías y teorías de lacomunidad científica internacional con observaciones de pacientes mujeres de Córdoba durante los años cruciales de conformación de la psiquiatría local. Estos conocimientos/discursos desarrolladas sistemáticamente en el ámbito universitario local se identifican como creadores y recreadores de representaciones médicas y sociales sobre el género, especialmente en lo que refiere al cuerpo, los comportamientos, la sexualidad y el rol social femenino. Por otro lado, los trabajos finales nos acercan a entramados de conceptos,discursos y prácticas terapéuticas ancladas históricamente a partir de una “mirada clínica”,que al problematizar síntomas, diagnósticos y tratamientos permiten acceder a las condiciones de posibilidad concretas (Hacking, 1998, p.10), es decir históricas, de los trastornos mentales y sus padecientes mujeres. Cabe resaltar a esta altura que en todas las tesis consideradas los casos clínicos son de enfermas mujeres, aunque las patologías también se produzcan en varones.

Las posibilidades de pensar a partir de estos ejes analíticos la construcción socio-cultural de la enfermedad mental y sus condiciones de posibilidad, nos remite a rastrear aquellos procesos históricos que definieron el panorama sociocultural en el que se insertaron los conocimientos y discursos de la psiquiatría local. Metodológicamente, proponemos un análisis que articulará el abordaje de las fuentes seleccionadas con estudios bibliográficos especializados en problemáticas de modernización, moralidad y comportamientos sexuales, la mujer en el mercado de trabajo, la educación de las niñas, el influjo católico, etc.

Cabe aclarar que aunque esta es una primera aproximación a nuestro objeto de estudio. Actualmente nos encontramos indagando en prácticas terapéuticas, dimensión que en al actual trabajo se halla soslayada. A pesar del carácter exploratorio de nuestra investigación, creemos que seremos capaces de dar cuenta de las complejidades y matices presentes en los primeras producciones especializadas en psiquiátrica y la historia sociocultural local de nuestra época de estudio, mostrando así el entrelazamiento de las cambiantemente teorías y conceptos científicos con entramados ideológicos de una reconocida funcionalidad sociopolítica anclada en la realidad nacional y de Córdoba en especial.

En Córdoba, los años finales del siglo XIX y primeras décadas del XX fueron testigos del surgimiento un conjunto de trabajos finales de postulantes a egresar de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Córdoba -creada en 1878- que fueron dotando desentidos y representaciones “científicas” a los cuerpos, los comportamientos y lassubjetividades femeninas, ligándolas fuertemente a la idea de enfermedad mental.

En líneas generales, los últimos años del siglo XIX se asociaron a la recepción de nuevas teorías psicológicas de la escuela francesa de Charcot, Janet, Ribot, las que instauraron en el mundo de los estudios de la psiquiatría una renovada línea de investigación y prácticas preeminentemente clínicas (Ferrari, 2012, p. 170). Las primeras producciones sistemáticas que hallamos en esa dirección se presentaron en la década de 1890 y estuvieron ocupadas en presentar y en alguna medida discutir aportes teóricos franceses y norteamericanos sobre la“Neurastenia” y en menor medida en relación a la histeria. En los trabajos de Martínez (1896) y Pitt (1898) como refiere Ferrari (2012, p. 170-242) la problematización de estas“enfermedades” remite a la introducción de la incipiente psicología francesa, ligada a losproblemas de anormalidad y patología. Ahora bien, como resaltó Martínez, en la neuropatía lalesión es casi ignorada, y este “(…) estado de debilidad del sistema nervioso, independiente de toda lesión” (p.11) se sostiene en los desórdenes funcionales que son su consecuencia. De ahíla importancia, proseguirá el tesista: “(…) de los ojos del clínico en un conjunto de síntomasque para Charcot consisten en vértigos, insomnio, cefalalgia, astenia neuromuscular,depresión cerebral, dispepsia gastro intestinal y raquialjía” (p.11)

El análisis de estos años formativos en los saberes psiquiátricos de la medicina cordobesa abre todo un panorama problemático en torno a “esa mirada clínica” y su relación con elestablecimiento en el discurso médico de cierto número de elementos heterogéneos que no siempre conciernen al estatuto médico (Foucault, 1999, p.195). Eso aunque esté cuestionado el poder del Estado Nacional para construir un sistema alienista así como la autoridad de los psiquiatras para definir el destino de sus pacientes (Ablard, cap. IV).

Si bien la ciencia biomédica desarrollada en la Argentina y por supuesto en Córdoba, se construyó desde sus mismos orígenes hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial, en gran medida, pivoteando entre el influjo, el prestigio y la legitimidad de los científicos y los conocimientos alemanes y franceses – y en menor medida norteamericanos-, la comunidad científica argentina habría intentado crear “(…) la contraparte nacional de la ciencia europea,o más bien, de los que creían que era la ciencia europea” (Vessuri, 1995, p.174).

Las tesis seleccionadas nos permiten observar que la construcción histórica de las patologías en cuestión, entendidas como discursos de poder de la medicina y de unos actores médicos locales, se imbrican con condiciones de posibilidad en la identificación de síntomas y la elaboración de diagnósticos a la luz de una época y un espacio concreto. Esta posibilidad se maximiza heurísticamente al pensar la neurastenia y, fundamentalmente la histeria, asociadas a un proceso de modernización donde la industrialización, la explosión demográfica y elrápido crecimiento urbano (Ansaldi, 1997, p. 14, 15) entre otros factores, involucraban “un malestar de la época”. Tanto en las tesis de Simeón Martínez como de Arturo Pitt ladefinición de este “proceso de patologización asociado al malestar de época” se conformóalrededor de un entramado normativo que respondía a la configuración de las representaciones de los sexos y la desigualdad en sus relaciones. Desde un comienzo ello aparece claramente expresado en sus lecturas de la “distribución epidemiológica” de laneurastenia y la histeria. En sus palabras ambos padecimientos mentales aparecen tanto en el hombre como en la mujer, e incluso la neurastenia sería más común en los hombres, (Martínez, 1986, p.78) no obstante estas patologías mentales se construyen de una maneraparticular en varones y en mujeres. Para ello sendos tesistas “construyen” y “ponen” alcuerpo, los comportamientos, la sexualidad y la emocionalidad femenina en cuestión.

No es novedad que se observa un énfasis especial en la medicina argentina de fines de siglo XIX por convertir a la histeria en vehículo de normativización del comportamiento y el cuerpo femenino (Scharagrodsky, 2008). En esta línea la comunidad médica de la época construyó una serie de asociaciones entre lo femenino y lo anómalo o deficitario, develando algunas de las operaciones discursivas e ideológicas que fueron estableciendo que la histeria era un padecimiento coligado a las mujeres y que se trasmitía desde el seno materno (Pita, 2014, p.368). No obstante en las tesis locales, aparece antes que la histeria, la neurasteniacomo un intento médico de cristalizar “la verdad psiquiátrica” de fines del siglo. De manerageneral la lectura de la medicina cordobesa, anclada en un doble estándar entre varón y mujer, se asocia en la mirada clínica a la aplicación de la teoría nerviosa de Beard y Féré, a partir de la cual los aspectos psicológicos de la enfermedad son comprendidos en clave somaticista:“Los actos psíquicos y voluntarios coinciden con una elevación de la temperatura del cerebro. El ejercicio muscular y las emociones morales se sienten de la misma manera sobre el organismo” (Pitt, 1898, p. 19).

Ahora bien, en la lectura y definición de los principales agentes determinantes de la neurastenia, Martínez y Pitt recurren a criterios de configuración social anclados en los roles binarios, dispuestos en una lógica jerárquica que, si bien en este caso aparece ligada a la división por género del trabajo, la trasciende ampliamente. En esa línea, la aparición de esta neurosis en los varones se vinculará al excesivo trabajo intelectual, a sus preocupaciones comerciales, industriales y políticas -será por ello- dirá Martínez (1896, p. 15) que surge con más frecuencia en estudiantes, médicos, abogados, ingenieros, comerciantes y políticos. Si los hombres aparecen como desgastados y nerviosos por aquella apropiación del espacio público que el ordenamiento sociocultural les reservaba, las féminas aparecerán agotadas en su sistema nervioso por causas identificadas con su rol reproductor asociado al espacio privado y a las representaciones del imaginario de época. En estas primeras tesis se refleja de qué modo la fatiga empezó a ser utilizada para la explicación de un sinfín de males que aludían al agotamiento de un recurso heredado. (Armus, 2007, p.113).

Si bien en Córdoba por estos años finales de siglo XIX se despliega la etapa de formación y transformación del mercado de trabajo, las mujeres aún no aparecen integradas de manera significativa a él (Bosch Alessio, 2012, p. 56). No obstante, la modernidad y el proceso de laicización percibidos por los católicos a fines del siglo XIX, derivaron en que las más altas jerarquías de la iglesia emitieran resoluciones de defensa de la doctrina católica (Vidal, 2013, p. 8). La encíclica Rerum Novarum de 1891 constituyen los documentos que primero abordan la cuestión políticamente. La encíclica si bien se refiere escasamente a las mujeres de manera expresa, de todos modos no deja de reiterar la diferencia “natural” entre los hombres y lasmujeres (Vidal, 2013, p. 8).

Asimismo, en las mujeres, enfermedades morales durante los últimos meses del embarazo vinculados a la larga duración del trabajo de parto, y las preocupaciones que engendran las enfermedades del recién nacido, son causas productoras de neurastenia femenina. (Pitt, 1898, p.15). Es importante aclarar, cuestión que será retomada en futuros trabaos que, al menos en la ciudad de Buenos Aires, recién estaba comenzando a fines del XIX la construcción de la identificación “mujer igual a madre” y las cristalizaciones simbólicas y concretas asociadas a ese rol (Nari, 2004).

Por otra parte, en ellas, las preocupaciones morales se asocian también a disgustos, a amores contrariados que entristecen y son una de las causas más comunes de la neurastenia en lamujer (Martínez, 1896, p. 17). La “extrema sensibilidad emocional” de la mujer fue un temacentral en prácticamente todo el discurso médico analizado ya fuera considerada como cualidad o como foco de enfermedad mental. Podríamos decir que en muchos casos se la asoció a la especie de misterio femenino, que como tal además de atractivo era altamente peligroso para el varón. La pervivencia iterativa de estas representaciones puede apreciarse cuando en 1914 Isaías Bas cita a Georget quien en 1820 había comentado sobre la dificultadde conocer ciertas “(…) emociones del alma, sobre todo de las mujeres” (Bas, 1914, p. 73).Durante la segunda década del siglo XX esta particularidad femenina fue incluso ligada a patologías más severas que las neuropatías.

En la dirección que venimos apuntando, mientas en el varón la neurastenia (sobre todo en su tipología genital) se asoció con excesos genésicos vinculados al onanismo y en último término a ciertas afecciones de los órganos genito-urinarios (Pitt, 1898, p. 93), en la mujer el cuerpo apareció como el espacio patológico y patologizador por excelencia. El imaginario de época era claro: a la mujer la faltaba desarrollo físico y mental, e incluso para algunos autores que estudiaban la criminalidad femenina, la mujer permanecía en estado de infancia radical. (Cesano y Dovio, 2009, p. 41,42). Puntualmente en estos años de fines del XIX aparecetematizado el útero, siendo que “las afecciones uterinas o peri-uterinas son generalmente elorigen del estado nervioso en la mujer” y según el entender de Pitt, “(…) la mayoría de lasveces los dolores, las neuralgias y la excitación genital son la causa de la neurasteniafemenina” (Pitt, 1898, p. 93).

Inmediatamente, estas nociones patologizantes del cuerpo femenino se asociaron a la sexualidad de mujer, dando cuenta de la pervivencia de ideas que remitían a la medicina antigua en que el útero se ligaba a la histeria y era visto como un animal que vive en el cuerpo de la mujer, reivindicador, fisgón (Scharagrodsky, 2008, p.121). Esta similitud entre la histeria y la neurastenia en cuanto a su relación con los órganos genitales internos femeninos seguía marcando el discurso médico en la segunda mitad del siglo XIX, ya que desde tiempo antes se creía que el útero desencadenaba enfermedad “(…) porque no tenía lo que deseaba”(Scharagrodsky, 2008, p.121).

A partir de estas nociones en danza en la comunidad científica del momento, el comportamiento sexual de la mujer apareció como objeto de reflexión para la sanción moral. Ello fue así sobre todo cuando en ellas aparecía la excitación de los órganos genitales que en algunos casos se transforma en ninfomanía (Martínez, 1896, p.63). Como explica Scharagrodsky (2008, p. 91) por esta época la mirada de la sexualidad femenina se identificaba como pasiva y autocrontrolada, es decir todo lo contrario al comportamiento entendido como ninfomaníaco que venía a colocarse en el orden de lo moralmente reprochable. En esos casos de “apetito sexual desmedido” -afirmará Martínez- citando ideas del neurólogo norteamericano Weir Mitchell – sobre todo cuando este tipo de neurastenia es de larga duración- genera un “empequeñecimiento de la personalidad moral” (1896, p.63).

Esta “altura y el debilitamiento moral” de la mujer constituyó una preocupación de la épocaque además de asociarse al ejercicio de la sexualidad, se identificó con el rol social de reproducción familiar que cumple históricamente la mujer: el riesgo de que las enfermas“quedan incapaces de dedicarse a sus ocupaciones habituales, [en otras palabras, el hecho de que las neurasténicas] no pueden dirigir su casa” era onmipresente en los discursos (Pitt, 1898, p.39). Evidentemente las preocupaciones de Pitt no remitían sólo a un posible ideario meramente personal o a su lugar de poder como parte de una corporación profesional eminentemente masculina que se identificaba y pertenecía a la clase alta de la sociedad. Tal como muestra Ablard (2008, P.138) al analizar el discurso de los psiquiatras de Buenos Aires, estos profesionales también veían como evidencia de la enfermedad mental de la mujer los comportamientos y actitudes que se desviaban de un conjunto bastante estrecho de expectativas, y en éstas la domesticidad ocupó el centro de la mirada clínica.

En Córdoba no es posible soslayar los influjos que en los valores y costumbres de la sociedad cordobesa traía consigo el clericalismo conservador. Era necesario el disciplinamiento de la mujer en el interior del matrimonio para otorgar al sacramento la dimensión social deseada por la iglesia y el estado. El papel social asignado a la mujer consistió en el “agente de control” de los poderes civil y eclesiásticos (Ghirardi, 2004, p.384). Gardenia Vidal nos habla de un imaginario social donde la figura de la “perfecta casada” y la de diferenciación de los sexos por cuestiones biofisiológicas se mezclaban en proporciones diferentes, entramados donde los sectores clericales se identificarían con ambas miradas, enfatizando en más de una oportunidad la primera (2013, p.147). No es un dato menor que en 1891 la Iglesia haya lanzado su Encíclica sosteniendo que “[H]ay determinados trabajos impropios de la mujer, preparada por la naturaleza para las labores domésticas que, (…) protegen grandemente el decoro propio de la mujer, de otra responden naturalmente [como es la] educación de los hijos y al bienestar del hogar” (Vidal, 2013, p.147).

Como venimos mostrando, en estos años el contexto de época se inscribía en los ritmos y los rasgos que venían afirmando un discurso y unos valores ligados al rol pasivo de la mujer en el matrimonio, la familia –lógicamente de impronta heterosexual- y la inmovilización de la mujer en el hogar en función de los intereses del proceso de construcción y consolidación de la Nación Argentina (Fernández y Hernández, 2014, pp. 131-153). Eran tan fuertes dichos entramados de valores y costumbres que apuntalaban las identidades e imaginarios sociales del mismo Estado Nacional, en conformación que el Código Civil (1869) definía a las mujeres como sujetos de incapacidad relativa otorgando al marido un conjunto de poderes sobre la persona y los bienes de la familia (Giordano, 2014, p.342).

A partir de esta hegemonía de los criterios androcéntricos – y seguramente por ello- las enfermedades mentales como la neurastenia o la histeria también fueron un espacio desde donde se construyeron representaciones sobre la masculinidad deseable y los temores de época ligados a los hombres que no podían erigirse en un punto de referencia como sujetos fuertes, estables, productores de riqueza y proveedores de la familia. El fantasma porexcelencia de este ideario se construyó en torno a la “disminución de la virilidad” (Martínez,1896, p. 47) causada por el exceso de trabajo y también por los excesos eugenésicos que traíaaparejada la vida nocturna de los que se pasan “(…) toda la noche bebiendo y fumando (Martínez, 1896, p. 16). Este tipo de comportamientos sería visto como propio de la “vida mundana en las grandes ciudades”, “(…) entre nosotros Buenos Aires” (Martínez, 1896, p.26), quizá identificada en el imaginario de Martínez con aquella “(…) urbe de machos descontrolado y perversos (…)” que describían los viajeros europeos (Ben, 2014, p.98).

Fuera cierto o no dicho mote, parece ser claro que nuestro futuro médico no incluía la noche cordobesa en esta caracterización, si bien la prostitución también fue ocupando un lugar importante dentro del paulatino proceso de ingreso de la mujer en el mercado de trabajo local (Bosch Alessio, 2012, p. 56). No podemos soslayar que en estos años, la ciudad de Córdoba si bien manifestaba claros rasgos de modernización, todavía reflejaba una marcada influencia de su pasado colonial y fuertemente católico y conservador (Vidal, 2008, p.50) lo cual habríapermeado el discurso y la “mirada” médica sobre la mujer en sociedad.

La psiquiatría cordobesa en incipiente formación adquirió aún más profundidad en sus búsquedas de control y regulación del cuerpo y la sexualidad, sobre todo en relación a la mujer, durante la primera y segunda década del siglo XX al ocuparse de la histeria, puntualmente en el caso de las tesis analizadas ocupadas en el mutismo y la fiebre histérica. El estudio de la histeria trajo consigo importantes novedades en el campo de los conceptos yparadigmas científicos. En el caso local estas novedades aparecieron cristalizadas en “(…) lacaída de los modelos ligados a la neurología y la introducción de explicaciones que tenían en cuenta a los procesos de desagregación de la síntesis mental; es decir, modelospsicodinámicos” (Ferrari, 2015, p. 305).

Luque será el primero en ocuparse de esta enfermedad en los primeros años del siglo XX marcando la influencia de Charcot y de Janet, y su teoría de que la histeria era una enfermedad primitivamente mental y que las manifestaciones somáticas que se observaban, estaban bajo la dependencia del cambio psíquico. En esa línea de interpretación, resaltó que“(…) para explicar la génesis de los paroxismos histéricos, esta teoría invoca eldesdoblamiento de la personalidad; para la interpretación de los estigmas, recurre á la ingeniosa concepción del estrechamiento del campo de la conciencia, y para los accidentes puramente psíquicos, como las ideas fijas por ejemplo, las explica por falta de síntesis mental, y a su vez para decirnos la causa de esta impotencia, nos da la palabra psicastenia, que enúltimo término, no es más que el sueño cerebral de Sollier” (Luque, 1906, p.24).

Antes de ingresar al análisis del trabajo en cuestión resulta útil realizar una pequeña digresión que remite a un contexto científico de época sumamente significativo y que forma parte de un“estado de la cuestión” en la tesis del mismo Luque. Resulta interesante pensar que el hechode que la histeria no haya constituido hasta 1906 un objeto privilegiado de investigación en el espacio de la psiquiatría local, marcaría un contexto de recepción peculiar de los conocimientos especializados extranjeros, sobre todo europeos, distintos a los que años antes de las teoría de Charcot y la profundización de Janet, se identificaban con terapéuticas bastante más invasivas y violentas sobre el cuerpo y la sexualidad de las histéricas. Nos referimos a lo que venía sucediendo en distintas partes de Europa y especialmente en la Inglaterra victoriana con lo que se había conocido como, por citar un sólo método, la práctica del Dr. Baker-Brown de infabulación o clitoridectomía (Luque, 1906, pp. 44,45), es decir, la extirpación del clítoris para evitar que la mujer sienta placer.

En nuestro momento de estudio y de acuerdo con nuestro tesista la histeria era abordada a partir de las teorías fisiológicas y psicológicas con las nuevas técnicas de la sugestión, la psicoterapia, el aislamiento, la kinesiterapia, la electricidad en algunos casos y en menor medida el hipnotismo (Di Liscia, Billorou, 2003, p. 584) . Este (…) tratamiento más racionalque combinaba los excitantes físicos con la psicoterapia bajo aislamiento, se diferencia en gran medida –dirá Luque- de todos aquellos autores que desde la época de Hipócrates veníanpracticado “exicision de clítoris, cauterización del himen, cliteridectomia” y “(…) esto para no citar más que operaciones, que hasta vulgares son los demás procedimientos” (Luque,1906, p.44).

Ahora bien, la adopción de las nuevas teorías de la escuela francesa no restó a las terapéuticas locales sobre la histeria de un impulso violento y jerárquico del médico sobre las mujeres“padecientes”. Como advierte Scharagrodsky (2008), a partir del análisis de dos tesis demedicina de la Universidad de Buenos Aires contemporáneas a la de Luque, para comienzosde siglo “la kinesiterapia” -una de las prácticas de tratamiento propuestas por nuestro tesista-consistía en un método de masaje bastante invasivo del cuerpo y la privacidad femenina “(…)casi pornográfico en el marco de fantasías eróticas y epistemológicas de posesión, por partedel médico varón, sobre el cuerpo femenino” (p.123). Obsérvese que una de las tesis de la Universidad de Buenos Aires que menciona Scharagrodsky (2008, p.123), se tituló justamente“Kinesiterapia”.

Si bien no consta de manera explícita en nuestras fuentes la realización de estas prácticas de masajeo uterino y anal (Scharagrodsky 2008, p.123), ni siquiera de que se haya efectivizado el método del aislamiento, más allá de la mera enunciación de Luque, las observaciones clínicas que acompañan su trabajo muestran la existencia de un importante proceso de medicalización de los problemas que podrían considerarse de la vida cotidiana, y del lugar de poder verticalista que ocupaban los galenos sobre sus pacientes mujeres. Asimismo desde la“mirada clínica”, se asomaron trazos de las condiciones de existencia, es decir de lascondiciones de posibilidad que definían en las primeras décadas del siglo XX, los deseos de las mujeres cordobesas, sus frustraciones, caldo de cultivo de una insatisfacción vitaldevenida en “síntomas”.

La situación vivida por la cordobesa María Luisa de 18 años será considerada por Luque (1906, p.30) el caso típico protagonizado por jóvenes de clase elevada que se convierten en histéricas a causa de la lectura de novelas. Aunque en la observación clínica nunca se explicita a qué tipo de lecturas es aficionada esta señorita de clase acomodada, se evidencia que la consulta fue hecha por su madre que notó que su hija dormía poco, con ensoñasionesmientras “(…) la lectura de novelas la deleitaba en sumo grado constituyendo su mejor sociedad (…)” (Luque 1906, p.30). No cuesta mucho inferir que la mirada moralizada de la madre y del médico se tejía alrededor del “verdadero problema” de Luisa de clara connotación sexual: es que, su “(…) excitación nerviosa iba en aumento y alguna vez llegaba al paroxismo y la polución” (Luque, 1906, p.47). Para el caso, tengamos en cuenta lo que señala Barrancos, respecto a que en el interior del país había aún mayor control social a los desbordes íntimos (2000, p. 560).

Lo notable de esta historia no es que la familia y el “médico de la casa” como se lo denominaLuque al galeno que atiende la familia de Luisa, se preocuparan por la sexualidad de laseñorita “bien” o el riesgo que representaba para la joven lectora su inclinación “desmedida”por la ficción, de acuerdo a los peligros que se asociaban a la aceptación del producto de la propia sugestión, en la que la ilusión se instala repentinamente, el sentido crítico esta abolido y su yo relegado a segundo orden (Luque,1906, p.47). Lo llamativo de esta historia es que los“síntomas histéricos” aparecieron recién luego de que María Luisa tuviera un “gran disgusto” “(…) con la madre que por consejo del médico de la casa le retira las novelas y la hostiga altrabajo; ese día pasa sin hablar (…) Esa noche estuvo muy intranquila, llora, esta rabiosa, tiene deseos de morir (…)”; finalmente pierde el habla (Luque, 1906, p.46) es decir “deviene”el mutismo histérico

Unos años más tarde mayor dramatismo encontraremos en la experiencia vivida por Arsenia de 22 años al ser remitida al Hospicio de Alienadas de la ciudad de Córdoba por las autoridades de la localidad de Cruz del Eje, luego de encontrarla en un “estado de inconciencia y miseria” en las calles de uno de los espacios de la zona más pobre del noroestede la provincia (Bas, 1914, Cap. IV). Claro que, en el caso de esta mujer, estamos ante un momento distinto de la agenda psiquiátrica cordobesa, cuando comienzan a dominar la concepción de que las enfermedades psiquiátricas son causadas principalmente por desórdenes biológicos y genéticos. En la Córdoba de 1914, la tesis de Isaías Bas titulada“Psicosis Puerperales”, dará cuenta de estas lecturas inscriptas en desarrollos nacionalespropios de comienzos del siglo XX, donde la “locura” se asociara al cuerpo de la embarazada- considerado como enfermo y crecientemente medicalizado (Vaschetto, 2010, pp. 90-93).

Como decíamos, la vida de Arsenia fue muy desgraciada luego que ingresara al Hospital de Alienadas de la ciudad de Córdoba, es que allí fue víctima del poder médico que le quitó a suhijo recién nacido debido a su “trastorno mental” “(…) caracterizado por sobre exitación motriz violenta y desordenada; gesticulaciones y gritos amenazadores, palabras y expresiones groseras y obscenas, confusión y desorientación completa, sitio fobia é insomnio” (Bas, 1914,Historia Clínica N2). Si entendemos como violenta la intervención de los médicos en este caso, no es sólo porque no se la considerara idónea para criar su hijo, sino porque el“trastorno mental” no respondía a la situación puerperal que se le señalaba en el diagnóstico, sino a fenómenos mórbidos a nivel de sistema nervioso central relacionados con una tuberculosis en curso, enfermedad que la llevó a la muerte dentro del Hospicio de Alienadas (Bas, 1914, Historia Clínica N2).

Claramente Arsenia fue víctima de lo hoy se conoce como “mala praxis”, ya que se le había realizado “(…) un examen orgánico y funcional (que) no reveló otra particularidad á no serlos fenómenos naturales á su estado (manifestaciones de auto-intoxicación) sobre todo por parte de su aparato respiratorio que es importante por la terminación de esta enferma (Bas, 1914, Historia Clínica N2). Pero, en el fin de su vida, recordemos que la mujer apenas tenía22 años, “(…) se hizo un examen prolijo de su aparato respiratorio, diagnosticándose una bronco neumonía y algunos focos sospechosos de tuberculosis; comprobándose más tarde la existencia de tuberculosis que fué constatada por el examen bacteriológico (Bas, 1914, Historia Clínica N2).

Por otra parte, no cuesta nada relacionar lo sucedido con el “tratamiento” y diagnosis deArsenia con su situación socioeconómica marginal, es decir aparece una asimetría de clase social interrelacionada con la de su género. Por otra parte esta lectura no remite a un caso individual sino a toda una concepción de época que los médicos cordobeses que se estaban especializando en psiquiatría reconocían como norma general. De esta forma lo expresó Basal marcar que en cuanto a la aparición de “locuras puerperales”, Esquirol “(…) sostiene la mayor frecuencia en las solteras y en las bajas clases sociales (…) Morel se pronuncia por la contraria, sosteniendo la mayor frecuencia de las casadas; (…) Entre nosotros, he podidocomprobar la diferencia marcadísima en favor de las clase pobres y bajas de la sociedad, lo que se explicaría más por los estados emotivos y pasionales de la maternidad natural, y el conjunto de ideas y sentimientos depresivos que en esos casos, deben amargar tan sublime función de la mujer, convirtiendo en tormentos, lo que en las honradas es fuente de satisfacción, por la miseria fisiológica, los deficientes alimentos y la ausencia de higiene que priva al organismo de sus naturales resistencias (Bas, 1914, cap. III).

Como se puede ver a lo largo del trabajo de Bas, estas concepciones se entrelazaron con las nociones de higiene mental, de eugenesia y con aquellas interpretaciones de los problemas existenciales y sociales con categorías médicas y orgánicas, propias de la influencia kraepeliana, autor recogido en la bibliografía de Bas, así como otros de cuño similar pero anteriores en el tiempo como Paris o Georget. En este punto cabe recordar las relaciones establecidas por Kraepelin entre hechos sociales y patologías mentales que según nos advierte la aguda mirada de Caponi y Martínez Hernáez (2013), parecen estar más cerca de los estudios de los teóricos de la degeneración del siglo XIX que de los estudios realizados sobre esta cuestión por sus contemporáneos: para Kreapelin, los hechos sociales no pueden ser considerados causa de enfermedades psiquiátricas sino su producto “(…) son la mera manifestación de una condición pre-existente, y sus efectos dependen de la constitución biológica del sujeto”, con graves consecuencia sobre la progenie (p. 481-483).

Será en esta línea de preocupaciones que Bas mire a aquellas locuras en que intervienen los fenómenos puerperales como factor etiológico ligados a una descendencia de alcoholistas o alienados (Bas, 1914, cap. III) y a una ascendencia degenerada que “(…) trae funestas consecuencias al fruto de sus entrañas y por consiguiente á la familia y aun á la sociedad”(Bas, 1914, cap. IV).

Aunque es indudable el peso que tuvo la teoría degeneracionista y las lecturas biologizadoras de lo social tanto sobre varones como mujeres, sobre todo de los sujetos pertenecientes a las clases bajas, el género femenino soportó un peso agregado de acuerdo a su función reproductiva gestacional y su rol social en el seno de las familias. En este marco Cesano y Dovio (2009) sostienen que, frente al temor ante la degeneración física y mental, el género proporcionaba una estructura fundamental para comprender las diferentes teorías sobre la degeneración, donde el nerviosismo, la neurastenia, el exceso de emoción e histeria, eran considerados femeninos (p. 41,42).

Recordemos que como bien señala Vaschetto (2010) desde el siglo XIX se pensó el ordenamiento social otorgándole un lugar especial a la maternidad, colocándola al servicio del hijo, como futuro del mundo (p.91). En este contexto debemos entender que los desarrollos cognitivos e ideológicos de la medicina psiquiátrica estaban plenamente imbricados con los valores dominantes de la sociedad del momento, cumpliendo un papel reproductor. Al decirde Barrancos (2000) “(…) se compartía el temor de que las enfermedades podían debilitar la especie, en particular las sexualmente transmisibles, y que ello se agravaría porque lasmujeres abandonaban el hogar para ir a trabajar, descuidando la crianza de los hijos” (pp.562,563).

Por ello es posible sospechar que los cambios sociales en relación al lugar de la mujer en la sociedad argentina y cordobesa, relativamente tímidos, relativamente rupturistas, dejan ver que ciertos discursos médicos en su imbricación con los valores e ideales de la época se convierten también en denuncias, alertas y normativas contra esos desplazamientos socioculturales.

La situación de Córdoba era sumamente particular ya que combinaba un rancio conservadurismo clerical con procesos de modernización propios de las grandes capitales. A principios del siglo XX la mujer se fue integrando a un mercado laboral en transformación, aunque en labores muy específicas y mal retribuidas (Bosch Alessio, 2012, pp.75, 76), muchas de ellas en trabajos temporales como personal de servicio, que al decir de Remedi (2000), se sostenían en relaciones marcadas por el paternalismo, la subordinación y la autoridad deferencia (amo[a]-sirviente) (p.67). Sin embargo en este proceso se asomaba una transformación mucho más profunda relativa a la participaron de las mujeres en conflictosobreros “(…) cuando sus expectativas en relación a la actividad laboral no se objetivaron o ensolidaridad con otros reclamos del movimiento asalariado. Su intervención se caracterizó por la puesta en práctica de un repertorio complejo, que podía adoptar formas callejeras y grupales, como la organización de mítines, la adhesión a huelgas, la pronunciación de discursos y/o la publicidad de expresiones del accionar combativo, combinadas con manifestaciones cotidianas e individuales de rebeldía, como la desobediencia, el insulto y elabandono del lugar de trabajo” (Bosch Alessio, 2012, p.75).

Ahora bien, aunque el panorama de cambio aparece como alentador en cuanto al incremento de la participación femenina en espacios y con comportamientos antes insospechados, nos resulta difícil coincidir plenamente con Gardenia Vidal (2013) sobre la producción de un desplazamiento a principios del siglo XX cordobés, que según ella iría desde una concepción de absoluta subordinación del papel femenino, a la noción pseudocientífica de la complementariedad de los sexos, que señala que las mujeres no eran inferiores a los hombres, sino simplemente distintas (p.77). Si bien no podemos negar que en ciertos espacios de sociabilidad se diera lugar a semejantes nociones, por ejemplo al considerar la intervenciónprogresiva de las mujeres en las asociaciones católicas, “(…) que si bien está lejos deequipararse al nivel de participación masculina, no se debe subvalorar en el proceso de transformación del proyecto católico y de la apreciación de las mujeres como actores en el espacio público” (Vidal 2013, p.78), no creemos que, se hayan desplazado las nociones jerárquicas repasadas en distintas partes del trabajo.

Estas nociones no sólo aparecen reflejadas en las tesis repasadas sino también en los textos escolares utilizados en las escuelas Primarias de Buenos y Córdoba a principios del siglo XX.Uno de esos textos, “Los Consejos de Amalia a su hija Laura”, da cuenta de una serie de tópicos sostenidos asiduamente en las escuelas de Córdoba y Buenos Aires para firmar unasupuesta naturaleza “femenina” y “masculina”, que anclada en un supuesto natural, encorsetaba el papel de las mujeres en la sociedad a partir de “(…) los valores de laabnegación, el respeto sumiso al varón y el sacrificio despojado de cualquier tipo de actividadsocial o política” (Cammarota, 2012, pp. 4,5), Mientras, muchas de las “madres” de estasniñas estaban ingresando a un mercado laboral caracterizado por la inestabilidad de las actividades desempeñadas por ellas, por la percepción de salarios inferiores a los de sus pares varones y por reglamentos de trabajo distintos y más exigentes, circunstancias éstas que las convertirían en sujetos en situación de pobreza, que se vieron obligadas a complementar los salarios masculinos para subsistir (Bosch Alessio, 2012, pp.75, 76).

 

* JL con María Laura Rodríguez. Institución: CIECS-CONICET-UNC Universidad de Nacional de Córdoba. Facultad de Ciencias Médicas. Escuela de Historia de la Facultad de Filosofía y Humanidades. En la JORNADA DE TRABAJO EN HISTORIA DEL CAMPO“PSI”. AVANCES Y RETROCESOS DE LA PRÁCTICA. Facultad de Psicología. Universidad Nacional de Córdoba. Argentina 11 de Octubre 2016. Córdoba, Argentina.

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